Mil novecientos noventa y uno.

Llegué al mundo en el año 1991, y viví engañado hasta un día cualquiera. Y no fue sino ese día -que ni recuerdo- cuando descubrí que compartiendo las penas con pan y vino, surgían alegrías y amores para seguir compartiendo más panes y más vinos hasta que surgieran nuevas penas… formando así un ciclo que, como cualquier ciclo, se acaba y vuelve a empezar.
Y ya está, ¿saben? Al fin y al cabo no somos más que vidas.