Hacer amigos en las peleas y No me puedo quejar.


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Si existe, y no digo que exista, una costumbre sana por definición esa es la de hacer amigos en las peleas. No es que sea a mí al que le guste hacer amigos mientras dos se dan empujones y puñetazos, pero tampoco me niego a compartir el directo de los directos con alguien que quiera comentar quién pega más fuerte (primera posibilidad) o lo estúpido que es pelearse en medio de una muchedumbre, y que me llamo Juan y soy de Jaén, estudio en Reina Mercedes, ah pues a lo mejor conoces a mi amigo Pepe Castro, mira pásate por ahí que estoy con mis colegas, encantado tío y adiós (segunda posibilidad).
Hablando ya de otra cosa, una expresión que me encanta es la de No me puedo quejar. En ella se resume ese afán de la gente por quejarse de todo lo que no le gusta, su deseo más latente y profundo que es el de quejarse. Se eleva la queja a necesidad biológica irrenunciable.
En definitiva, y aunque no venga al caso, cómo me pone Andalucía y la particular forma de su gente de tomarse la vida hasta en lo más profundo de la mierda.